La ternura



Lávale el cerebro, si es que puedes, 

siémbrale un árbol tropical 

en su jardín más que sentimental… 

hábitat de soledades que apresan

la ternura. 



Dale un libro sólido como diamante, 

métele ideas en sus neuronas místicas, 

tienes que darle algo de valor, y 

dale, siempre dale, hasta que le duela 

el alma. 



Atrápale los ojos, esos dos fuegos 

que se encienden con las flores 

virtuosas que gravitan sobre el valle 

y el monte de su piel que se quema 

del furor. 



encímala y apriétale los ímpetus, 

hasta que llore y sufra y enloquezca... 

entonces ella será tu hembra 

que te quebrará todos los huesos

con pasión.



©José Ángel Pineda, 05 de abril del 2018