Echar a volar





Echar a volar



Echar a volar los abrazos,

los apretones, las voces, las risas,

las caricias tan presentes, 

tan lejos, distantes y muy cercas.


En la vida del amar con la ternura

a cuestas de toda la verdad y la mentira,

la deliciosa locura del deseo perverso

que me estremece el alma

y que se te olvida rauda la belleza,

fácilmente recuerdas el monstruo

de los placeres lujuriosos,

de las palabras malditas,

y el desencanto.


Se te olvida que ya no hay retroceso

entre nosotros, que no sabemos

del amor lo suficiente,

que parecemos niños necesarios

que sufrimos el bozal, aunque neguemos

el amar del silencio impuesto

por capricho, sin compasión

en la empatía más cruel y despiadada.


Lo menos brutal en lo que te queda

de cordura sería:

Echar a volar la realidad con la humildad, 

que es la única paz viva.

Todo lo nuestro con todas las ganas,

no gotas, 

amar es el compromiso tomado 

entre la distancia que hay entre 

tus piernas, tus ojos, y mis manos,

para continuar siendo efusivos

todavía.

No existe la gente,

la axiomática tesis de mi vida,

el amigo tampoco, y el poema

exánime ¡ya no existe!

qué pena…

sólo el ente curioso 

de la esencia.


©José Ángel Pineda, 02 de febrero del 2018