Señora




Señora



para los gozos, preciso

de una breve nota musical 

un breve tiempo fugaz

un silencio relámpago

de fusa.

Al poco espacio, medida

y precisión

una sinfonía confusa

a tiempo de manía a cuatro piernas

nos atrevemos a conquistar 

el espontáneo lecho,

pecho de señora de cantos

de lunas y de muchos laberintos

conquistados en noches de teatro

con variaciones impetuosas…

pasando despacio en armonías

sobre cuerpos enrollados

entre enredaderas.



Ese ser del monte, el ermitaño 

entre los arbustos sigue oculto, 

entre su visión de tu dotada hermosura,

y la caricia que vierte con tímida ternura,

con pasión, con locura ignominiosa,

que con manos que tiemblan 

abre despacio y suave 

la roca protectora de tu vientre pulido, 

de tu casta de diosa.

Ha llegado el cambio estacionario... 

eso me recuerda a ese ermitaño que vive

en mi presencia, tratando la soledad 

con compañía, recordando…inmóvil

la señora que espera como siempre 

la confusión de una choza y petate

en un hotel de esos, en un monte cualquiera

con gramas mojadas por las lluvias

de siempre, donde el siguiente

poema sobre tu hermosa piel

se escribe.



©José Ángel Pineda, 01 de julio del 2017