Amores

Mujer con guitarra y piano ; Pablo Picasso




Amores 


I

Aquella linda guitarra

de madera fina

que solía observar,

nunca tocar, 

los domingos en la misa, 

y en casa familiar.

Logré afinarla

con papelitos de letras inocentes

y arrugados se los enclavijaba

a escondidas, muy clandestino

después de la santa misa

a su alma confidente.

Logré de puro milagro, tocarle su boca

con mis dedos y el brazo de trastos

llenos de semitonos y el apenas

de sus labios con los míos y sin lengua,

mis huesos crepitantes, palpitantes,

de levantes, juveniles, temblorosos,

juguetones, extenuantes

de pasión, ...ejecutantes de una pieza…

una canción de pureza.

II

Un poco más, hacia un ulterior teclado,

de una pianola fantasiosa y bien sabrosa,

de varios años tocando

toda musicalidad

con teclados tormentosos.

Era antigua, vertical y muy ardiente,

cuerdas mansas y bravías, que sin clemencia.

marcaban las diferencias sensualmente

entre el candor que no necesitaba y

el pudor que tampoco.

III

Y aquella pasión de colores, acostados

en las teclas de aquel piano horizontal,

consecuente con amores trastornados,

que al final quedó desafinado para siempre.



Con las clavijas destruidas, y muy flojas

las cuerdas con algunas reventadas...

con el armazón quebrado que sostenía almas

y los cuerpos en constante movimiento,

era necesario tener que sufrir la pena,

y el sentimiento encontrado

de hacer leña para hoguera

a su esbeltez ocupada de pasión, …

que no evitaba, y el fogón iluminó

por tres noches, con excelente madera

la canción siempre esperada,

entregamos en amores sudorosos

encubiertos de sortilegio del trébol

y sus variantes, … en lujuria perfecta.



© José Ángel Pineda, 9 de julio del 2017