La libertad del capataz




La libertad del capataz



Las caudalosas lágrimas, 

de tus ríos en excitante final en delta, 

con esa bisectriz, en donde 

se toca, se tantea la espesura 

deliciosa. 

Esa arquitectura plácida, 

geológicamente bien dotada, 

todo ese cuerpo de agua 

anhelado por todos 

que pocos acarician, 

aguas por encima y por abajo 

al Céfiro y al turbión, 

al Wangki. 



Las voces de todos tus vientres, 

erguidos el par de esbeltos conos

Concepción y Maderas 



en la isla zapatera 

emanan arenisca, polvillo y el néctar 

del placer, ... 

El vaivén fuerte de cuerpo jugoso, 

rozando con el mío estrepitoso. 

En el Río San Juan, tan impetuoso frenesí, y 

la violación constante de la mina del limón, 

y en el triángulo minero, … 

son muchas las cicatrices, y envenenada el alma… 

y siguen destruyendo la hermosura, la belleza, 

los hoyos en el vientre, en los pulmones

de las gentes…

para convertirte en cadenas, ...

y en divisas ajenas, dineros, mercancías 

que se cuelgan y clavan los delincuentes 

distinguidos, dejando la plenitud 

de la patria enajenada, en una danza 

prostituida e insolente, donde venden y compran 

las integridades gobierno-corporativas 

entre muchas, … que cambian de nombre...

y testaferros...

a discreción, sin discreción

y todo por una excelsa vanidad familiar,

“por unos dólares más” 

“por un puñado de dólares” 

La Libertad del capataz.



@José Ángel Pineda, 27 de junio del 2017