Amaneceres de lluvia





Amaneceres de lluvia



Cuando la lluvia de tus amaneceres

vistan de seda mis lágrimas,

serás brisa fresca en mi piel

y nacerán girasoles en las heridas

hasta ser noche derramada en mis entrañas.

Cuando los amaneceres hieran

las lágrimas te hieran, sangren

Cuando en la piel hieran las espinas

Cuando sobre las heridas hieran sangres

Cuando en tus entrañas te hieran los esbirros

¿Estaré para siempre sanando las heridas?

Girando en tus heridas, amando tus heridas.

Naciendo es tus heridas, anocheciendo en tus heridas

En todas tus heridas, heridas causadas por la infamia.

Derramando en tus heridas en tu sangre

el gozo del tirano, toda sangre irá irrigando

en una locura incontenible, donde la propaganda perversa

satisface la crueldad, el despojo y el crimen masivo,

violaciones diversas, se escuchan alarma azul 


de drogados vampiros, colmillos de dineros, del abuso, 

sobre miles de vivos y muertos, de zombis...

y dos camisas de colores rosados, 


el resto de cientos perfumes fétidos

sin muro que detenga, 


ni el burgués que se oponga al milagro bendito

ni el maldito milagro de un vampiro, 


que reproduce con mordidas dulces

y con bellos encantos y delicias, 

una polifonía roja y un encanto divino.





©José Ángel Pineda 4 de junio del 2016