Amanecía






Amanecía



El tiro 22, quedó disparado con los efectos cinematográficos 

de matrix...

el trovador quedó perplejo y no atinó al blanco, ... 

se quedó como la leyenda de una guerra de sentimientos encontrados

de lenta transfusión de fluidos en pieles reposadas, 

y suaves manantiales de brisas y fuertes torrenciales,

más nunca sucedieron en una cama y mesa, 

ni en el humo de una chica, 

ni en el motel de verde esparcimiento, 

ni en una calle del cruel de los abrazos, 

ni en los aplausos fríos de un teatro, 

ni en calientes lechos deleitosos, 

ni en los besos mojados de licores y vinos, 

ni en los placeres perfumados, 

ni en las cosas sencillas, complicadas, cotidianas, ... 

sino en nuestro trance romancero de cargar de nuevo el fusil y disparar las rosas, 

volver a intentarlo hasta que salga una descarga de espinas, 

que hiera la vida moribunda y calme el silencio que ensordece las risas, 

y que alimenta los reflejos de las luces que se ven en tus ojos, 

para quedar con esa mentira impresionante, … 

que amanecía. –





©José Ángel Pineda 29 de septiembre del 2013