La tinta





La tinta



La tinta de sangre se derramó sobre el papel...

una vez la mujer convertida en pasión de gigantes,

donde los hombres morían con la pluma en el alma

y cantos en los puños,

que vivían y morían por la gente y vivían para la gente,

que disparaban colores infinitos,

llenos de cielos con lunas y con soles,

con bravura de locos en polifonía de fugas y contrapuntos,

con resonancias de fusiles y lápices,

de palpitantes sentires, de amaneceres sudorosos y fríos.

La tinta de sangre se derramó sobre el papel,

que, en su fantasía blanca ya manchada,

luchaba por recrearse armonías,

más la gaviota ya no era ni pájaro ni musa, 

ni cantora, ni vida,

era la mujer ya ida,

esa hermosa mujer que sintieron los huesos,

y el pellejo de todas las montañas del ahora monumento mudo,

con piernas largas excitantes y estrechos los pechos,

una vez sentí a esa mujer, Una vez, alguna vez...

la amamos todos desnudos de la rabia,

desesperanza de rabia, de rabia loca, con locura loca…

era la mujer verdadera,

... y habitó entre los hombres de los polvos.









©José Ángel Pineda, 21 de agosto del /2013