Una mujer desnuda







Una mujer desnuda



Una mujer desnuda despierta los deseos,

de la demanda seducida y calmada,

dejan la ternura alborotada en las mentes dormidas

que despiertan y mueven los cimientos

del sistema político y social que desconsuela.

Una mujer desnuda mueve y levanta caídos goces de victoria,

una mujer desnuda a las demás,

desnudan a los hombres que se ponen a prueba,

y se sabe si para algo sirve la tal virilidad.

Una mujer desnuda mira siempre de frente,

mira siempre a los ojos de la persona

humana que se rinde y se tiesa ante una realidad

demasiado encubierta.

Una mujer desnuda ensancha los espacios

en un sempiterno entorno tan natural…

como una mujer desnuda.

Una mujer desnuda nos hace saber de buena tinta,

que se escriben historias con pintura impregnada

en el pellejo fuerte, duro, salvaje y cristalino,

como las cataratas de verticales armonías,

que dejan profundos huecos azules en arenas

de colores distintos, …

y en las piedras pulidas que entonan las canciones

más diversas del universo mismo del grito de la selva.

Una mujer desnuda enseña nuestros rostros,

en el espejo de las aguas profundas,

de esas pocas aguas por ahí moribundas,

y en las aguas de su propio ser de mujer desprendida,

y en su conciencia habita la paciencia virtuosa.

Una mujer desnuda desvanece el temor, 


una mujer desnuda lo convierte en amor, 

una mujer desnuda nos enseña que lo urgente es amar.



©José Ángel Pineda, 7 de marzo de 2013