El otro poeta







El otro poeta



Hoy no quiero al poeta de pasión,

de los que abundan en el callejón

maldito y bendito de la muerte y la vida

sensual, que además no se acaba

del pelo hasta las uñas de los dedos.



De la vagina al labio,

de los que te desnudan,

de los que te tocan todo,

de los que eyaculan en las páginas,

en las máquinas y el computador,

y no dicen ni pío por los clavos.

Eternos envidiosos y egoístas,

esa es la verdad de los que aceitan, 

el tintero penetrante,

y el sexo brota, en torrenciales torbellinos.

¿Cómo pueden huir de las desgracias?

¿Cómo pueden evadir tantos problemas?

Los comunes problemas cotidianos,

el desempleo brutal, la falta de agua,

la falta de alimentos para todos,

la electricidad en las nubes,

cataratas en los ojos,

exorbitantes consumos.

Escriben con tanta ternura,

excitantes y excelsos versos 

exquisitos que hasta caigo extasiado,

sudoroso y temblando

el esqueleto.

Más bien, quiero al poeta,

de sueños de aspas de hojas,

de fantasías azules,

de curvas egregias de las aves.

Hoy no quiero ser yo,

quiero tu dulce voz,

una guitarra fresca,

una canción de paz,

un abrazo de oso,

un beso

nada más.



© José Ángel Pineda, 16 de mayo del 2012