Un viernes santo

Río Wangwy



Un viernes santo



Una planta gigante con abundante barba,

otra planta llena de frutas tempranitas,

y otra más florecida de cantos y doncellas,

con raíces flotantes, que atrapan aves.


Un viernes santo de cususa y cigarros,

y mochilas repletas de “Pura Vida”.

hacia el Wanky, Segovia, Río Coco,

tres nombres distintos y un solo río verdadero,

nos extrañaba ansioso y solitario,

limpio y transparente, en aquella noche

que se debatía entre lo divino y terrenal,

trasladándonos hacia un destino incierto,

peligroso, con un hilo de camino adelante.

Subidas y bajadas ondulantes, rectas y profundas

bajadas y subidas extenuantes, gritos de pasión

y de temor, ...

y aquella guitarra que trazaba parábolas,

y caía en las plantas heridas por el roce,

en el polvo y en la piedra, y no moría.

Las plantas no cesaron en su vuelo,

hasta acabar llegando al final del camino.

La jornada violenta terminaba

a orillas de aquel precioso río,

y murmuraban las hermosas vacas


cosas que inquietaban la armonía.

Y durante toda la noche de guitarras,

y alcoholes, y de montes clandestinos,

de cigarros comunes, y vacas melodiosas,

faltaba el encendedor, los fósforos,

intentamos en vano con piedras brillantes

encender las mechas, ...

en una fogata heredada por turistas

de los nuestros vagos irreverentes,

avivamos el fuego,...

calor, ...y alegría explosiva,

las voces, las canciones, el rumiante

placer de las vacas , la hojarasca incendiada

que iluminaban y aparecían

todos los rostros en el agua

clara, …

desde las estrellas luminosas

hasta la madrugada.


© José Ángel Pineda, 6 de abril del 2012